Lo que parecía un accidente marítimo más en diciembre de 2024 se ha convertido en un escándalo de espionaje internacional. Nuevas investigaciones revelan que el carguero ruso Ursa Major, que se fue a pique a 60 millas de la costa de Cartagena, transportaba componentes críticos para dos reactores nucleares destinados al régimen de Corea del Norte, ocultos bajo un manifiesto de carga convencional.

La teoría del accidente pierde fuerza frente a la sospecha de una operación militar encubierta. Expertos señalan que el barco pudo ser torpedeado para frenar la expansión atómica de Pyongyang, basándose en explosiones registradas por sismógrafos y daños en el casco impropios de un naufragio común. Este suceso de 2024 sitúa a las costas españolas en el centro de una peligrosa «guerra de sombras» entre potencias mundiales.

A pesar de que el buque descansa a 2.500 metros de profundidad, el temor a la radiación persiste. Aunque no portaba combustible activo, el cargamento incluía piezas de submarinos atómicos que podrían actuar como fuentes de contaminación. Mientras el Kremlin denuncia un «acto terrorista», la comunidad internacional sigue analizando las repercusiones de un incidente que, dos años después, sigue arrojando luz sobre el tráfico de tecnología nuclear.

Imagen: EL MUNDO

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